Prof. Juan Díaz de la Torre: Con el permiso de la Presidenta de esta Trigésima Primera Sesión Extraordinaria de nuestro Consejo Nacional.
Compañeros integrantes de la mesa de los debates, muy queridos y apreciables compañeras y compañeros concejales todos.
Maestra Elba Esther Gordillo, Presidenta de la Trigésima Primera Sesión Extraordinaria del Consejo Nacional de nuestro sindicato, compañeros concejales todos. Como lo atestiguamos cada día en nuestro trabajo, tanto quienes están en el aula como quienes tenemos la honrosa y el honroso privilegio de ser los dirigentes de los maestros, y como lo atestiguamos también en cada una de las sesiones de este órgano de gobierno cuando nos reunimos, son grandes y complejos los retos que enfrenta el sindicato, son retos y desafíos no sólo para nosotros, sino para todo el movimiento sindical en el mundo, y por supuesto en el que nosotros no somos la excepción. Fundamentalmente esos retos se derivan de la irrupción en el mundo del modelo globalizador, durante los últimos decenios del siglo pasado.
La mundialización de la economía trajo consigo durante decenios lo que hoy ya parecen lugares comunes de nuestro vocabulario diario, y de nuestras reflexiones en prácticamente todos los foros.
Los conceptos de productividad, eficiencia, eficacia, competitividad, capital humano, son ya los ejes que definen prácticamente todos los procesos de la producción y de las relaciones entre los trabajadores y sus empleadores.
El vertiginoso desarrollo y aplicación de las nuevas tecnologías en todos los órdenes, pero fundamentalmente en las de la información, que al estar accesibles prácticamente a todo el mundo, modificaron de raíz los mecanismos de la comunicación entre nosotros, cambiaron las formas de acceder a los saberes, se crearon nuevas variantes en la conformación de la opinión pública, se modificaron los procesos por los que hoy se construyen las nuevas corrientes de opinión.
Los liderazgos sociales cada vez pasan menos por el espacio que alguna vez fue privilegiado de los viejos esquemas sustentados en el mecanismo del favoritismo y la preventa, y el control sobre la gestión de administración de las demandas de los trabajadores.
Por otro lado, la debilidad de los estados nacionales y de los gobiernos de prácticamente todos los colores y filiaciones partidistas, una debilidad para anticipar estos fenómenos y gestionar una agenda pública que logre atemperar sus impactos en los sectores sociales más desprotegidos, aquellos que no cuentan con los elementos mínimos para identificar, aprovechar o inclusive resistir las consecuencias de tal esquema, para decirlo de otra manera, la fragilidad del entramado institucional frente a las normas y formas que hoy nos impone el mercado.
En otros casos, la falta de voluntad y de compromiso de quienes acceden a los espacios de dirección o de gobierno, para imaginar y crear los instrumentos de orden institucional en la salud, en la seguridad, en el empleo, en la educación, que permitan a millones de ciudadanos insertarse en el esquema, en condiciones mínimas de certeza, desde donde puedan potenciar su esfuerzo hacia mejores condiciones de vida y de movilidad social. Es decir, acceder a los beneficios del modelo, que los tiene y que son muchos y variados, pero que están siendo acaparados por una minoría privilegiada…
Enfrentamos el embate contra el sindicalismo por parte del corporativo económico e industrial y de sus voceros, señalándonos no sólo como el obstáculo para la modernización de los sistemas de producción y para extender sin contrapeso a un sistema que niega o cuando menos quiere ver de soslayo los principios básicos de la convivencia entre los seres humanos y que es el sustento primigenio de nuestras organizaciones, el principio solidario, sino que además, con todos los recursos que son vastos, que tienen a su alcance, nos culpan ahora irresponsablemente del deterioro social y del fracaso de las políticas públicas derivadas de este esquema.
Y en el extremo de la intolerancia la idea de conculcar a los trabajadores organizados el derecho que tenemos como ciudadanos a participar en la política de la definición de la agenda pública de nuestra Patria.
Permítanme sólo citar dos preguntas que recientemente algunos han expresado en estos foros nuestros:
¿En dónde están los bancos que los trabajadores hemos quebrado? ¿Cuál es la crisis de especulación financiera que propiciaron los trabajadores y que han derrumbado los esquemas financieros del mundo?
Es exactamente lo contrario. Con ambiciones desmedidas han dilapidado y fracturado el capital social que construimos todos nosotros durante el penoso ascenso de nuestra sociedad en busca de mejores condiciones de vida.
Sumado a lo anterior, más aun, está el aislamiento, la dispersión y la ausencia de una estrategia mundial por parte de los trabajadores y sus organizaciones para dar respuesta puntual a estos embates.
Tenemos frente a nosotros las nuevas formas en la organización del trabajo. La disminución sistemática en el mundo del número de trabajadores sindicalizados, la precarización del trabajo, en el que las certezas de un empleo permanente son cada vez más bajas.
La crisis nacional del sistema de seguridad social en el mundo que impactan en la calidad de vida, tanto de los trabajadores en activo como de nuestras compañeras y compañeros jubilados.
Los porcentajes cada vez más altos del trabajo deslocalizado, que impiden a los trabajadores negociar organizadamente sus demandas y aspiraciones y que en muchos casos no es posible siquiera identificar el espacio físico donde se cubre la jornada diaria de trabajo.
Nuestro país no es la excepción y en nuestra agenda de cada día también encontramos a quienes propagan y multiplican afirmaciones sin sustento, algunas de mala fe, otros por franca ignorancia y algunos más porque de eso es de lo que viven.
Ante esto se hace necesario renovar el compromiso que históricamente los trabajadores de la educación hemos tenido y tener claridad de miras en lo que hoy nos toca realizar para vincular nuestras tareas de corto, mediano y largo plazo con las acciones que en el pasado hemos desarrollado.
Desde el viejo poema pedagógico de la escuela rural mexicana, pasando por los acuerdos de 1943, con la unificación de las diversas organizaciones de trabajadores de la educación que entonces existían, posibilitando con ello el nacimiento de nuestro sindicato en un momento en que el país requería de sus maestros para consolidar las instituciones apenas en ciernes.
Y luego, las múltiples acciones y propuestas que desde 1989 venimos realizando y proponiendo como sindicato, en nuestro compromiso con la construcción de un Estado democrático, participando en la operación del tejido político de México y nutrirlo, y nutrir su contenido desde el privilegiado espacio de la educación.
Hemos impulsado con visión desde la crisis del 89 acciones que superaron el inmovilismo sindical. Afirmamos ante los gobiernos y ante la sociedad nuestro derecho a ser partícipes en el rumbo de la educación, visualizamos con oportunidad el reto que las transformaciones globales trajo consigo y cuando sólo se hablaba de la cobertura como indicación básica de nuestro sistema educativo asumimos a la calidad antes que muchos otros como objetivo prioritario.
Frente a los diferentes niveles de desarrollo de las entidades de nuestro país asumimos también como prioritario la equidad y la pertinencia como imperativos básicos.
Citaré sólo algunas de las acciones y propuestas que hemos impulsado desde entonces y que han sido conocidas, propagadas y expresadas hacia la sociedad. La reforma estructural y política del SNTE, que no es cualquier cosa, como garante de la estabilidad de México.
En 1989 los 10 diálogos nacionales y la movilización para la modernización del sistema educativo, en 1992 firmamos el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica haciendo énfasis en la revisión y actualización de planes, programas, contenidos y materiales educativos, y en la revaloración de la función social del maestro.
Impulsamos con ese acuerdo para su incorporación posterior a la Ley General de Educación la rectoría del Estado en la educación; el carácter nacional de la educación, tema que por cierto hoy día requiere una reflexión profunda frente a los riesgos evidentes de la balcanización de nuestro sistema educativo; la obligatoriedad en la educación secundaria; el Programa Nacional de Carrera Magisterial que puso desde entonces en el centro de nuestras acciones el reto de mejorar el desempeño en nuestra tarea cotidiana; la obligatoriedad de los consejos escolares de participación social en la educación, el calendario escolar de 200 días, los gobiernos estatales con voz en materia educativa, el gran debate sobre los libros de texto de historia reivindicando el valor de la historia en la formación de los ciudadanos, garantizando además la orientación de sus contenidos en apego al tercero constitucional, la creación de la fundación para la cultura del maestro en 1991, la creación del Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América.
A partir del 92, la realización de los Congresos Nacionales de Educación que lograron entre otros temas establecer en la ley que se destine cuando menos el 8 por ciento del Producto Interno Bruto a educación y la obligatoriedad de la educación preescolar.
En 2002 la firma del compromiso social por la calidad de la educación del que se derivó en su momento la creación del Instituto Nacional de Evaluación Educativa.
Desde 2003 los Encuentros Nacionales de Padres de Familia y Maestros de los que surgen las comunidades de aprendizaje para vincular a la escuela, a la familia y a la comunidad; el Programa Guía de Padres, el impulso a la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, en 2008 la Alianza por la Calidad de la Educación; apenas durante el mes pasado el acuerdo para la Reforma de los Lineamientos del Programa de Carrera Magisterial, la evaluación universal como necesidad de obtener un diagnóstico formativo que genere estrategias pertinentes y oportunas para las mejores competencias profesionales; la propuesta para dotar al INEE de autonomía para la evaluación del sistema educativo. Ahí están los hechos para quien quiera realizar un análisis objetivo y serio de lo que hemos realizado y encontrarán ahí mismo quienes quieran la respuesta a la pregunta sobre del lado de quién ha estado el SNTE, al lado de la sociedad, de nuestros alumnos, de las comunidades.
Compañeras y compañeros concejales:
Desde este contexto es desde donde debemos tomar una decisión, cuál es el lugar que queremos ocupar hoy cada uno de los que estamos aquí en el futuro que ya empezó y que requiere de nuestro concurso para el desarrollo y ejecución de acciones que permitan alcanzar objetivos institucionales de la organización.
Como dirigentes, ¿tenemos claro la dimensión del reto que hoy enfrentamos? Es una respuesta que cada uno deberemos darnos a nosotros mismos.
Por lo que respecta no tengo duda, a quienes hoy hemos sido distinguidos como integrantes del nuevo Comité Ejecutivo Nacional y de los órganos de gobierno permanentes del SNTE ofrecemos trabajar al límite de nuestras capacidades para tomar con dignidad la estafeta que hoy se nos entrega.
Y aquí quiero aprovechar de manera muy puntual, porque es propicio hacerlo y además de lealtad institucional expresar al profesor Rafael Ochoa Guzmán, quien acaba de entregar la responsabilidad de la Secretaria General Ejecutiva, nuestro reconocimiento a su esfuerzo, a su lealtad al SNTE, a los trabajadores y al liderazgo de la maestra Elba Esther Gordillo, durante todo el tiempo que le ha correspondido ocupar ésta y otras posiciones.
Estamos seguros que desde su posición en la representación popular en el Senado de la República y desde la trinchera que ocupará sindicalmente seguirá impulsando y defendiendo a su sindicato y a la educación pública de México.
Toca ahora vincular sistemáticamente los programas sindicales educativos y profesionales del Comité Ejecutivo Nacional con los desarrollados por los comités seccionales y delegacionales, con objetivos comunes, estrategias definidas y a partir del gran proyecto nacional de nuestro Sindicato.
Profundizar el programa que ya está en marcha para la activación y capacitación estratégica de los representantes de escuela, que nos garantice que el Sindicato reforzará su acercamiento y vinculación con nuestros compañeros en cada centro de trabajo y con la comunidad.
Compañeras y compañeros todos, tenemos grandes retos, pero frente a todo esto tenemos sindicato y tenemos claridad de lo que hay que hacer. Tenemos una historia de lucha, tenemos proyecto y fundamentalmente tenemos la fortuna de poseer lo que muchos no tienen, tenemos un liderazgo. Un liderazgo sólido, valiente, con visión de futuro, que tiene acreditado en los hechos su capacidad en el diseño de las estrategias que no sólo han dado viabilidad a nuestro Sindicato en su consolidación democrática, plural, tolerante y de respeto a nuestras diferencias ideológicas y partidistas.
Sino en su vigencia como instrumento para que los trabajadores de la educación tengamos un fortalecimiento creciente en nuestras reivindicaciones salariales, profesionales, laborales y asistenciales, un liderazgo que posiciona permanentemente al SNTE en la defensa de la escuela pública, laica, gratuita, popular y de calidad.
Un liderazgo que de manera recurrente se pone al frente de la construcción de las grandes iniciativas nacionales que favorezcan la estabilidad social y una mejor calidad de vida para los mexicanos.
Un liderazgo que ha antepuesto a todo el interés supremo de México y el interés de la organización sindical, y que para orgullo de los trabajadores de la educación es no sólo una extraordinaria dirigente, sino que ha logrado ser ya un referente obligado en la conformación de la agenda educativa, social, gremial y política de nuestro país.
Ese es nuestro activo fundamental, el liderazgo único e indiscutible de nuestra Presidenta, la maestra Elba Esther Gordillo.
Ese el liderazgo, compañeros, sin duda alguna, lo requerimos para seguir caminando con certeza y con imaginación, señalándonos el rumbo y las tareas que a cada uno nos corresponda.
Al observar el camino que hemos recorrido podemos ver con objetividad y con satisfacción la consolidación y validez de un proyecto sindical, algo que lamentablemente otras organizaciones no tienen y que ya no están en la geografía política o que ya no entran en el mapa político de la toma de decisiones del país, y no han podido defender sus organizaciones.
Nuestros dos grandes ejes de lucha siguen vigentes: la defensa y fortalecimiento de la escuela pública de calidad con equidad para todos, y al defensa de las legítimas aspiraciones, intereses y conquistas de los trabajadores de la educación, esa es la riqueza de la escuela sindical, que ha cimentado y desarrollado nuestro sindicato bajo el liderazgo de la maestra Elba Esther Gordillo, esto es lo que ha marcado la diferencia. Tenemos causas, tenemos rumbo, tenemos liderazgo, igualmente sigue vigente por su eficacia la estrategia de los cambios rápidos y audaces, con capacidad de análisis para entender la lógica de su desenvolvimiento y la decisión de lucha para encabezarlos, reencauzarlos, reorientarlos o anularlos si no corresponden a las necesidades y proyectos de la sociedad mexicana de este siglo.
Las tareas son claras, el rumbo está definido, asumamos cada uno nuestra responsabilidad y trabajemos con profesionalismo, lealtad y sentido de equipo por un sindicato cada vez más comprometido con las causas de la sociedad y de su aspiración de un país mejor.
Muchas gracias por su atención.

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