Agosto 22 de 2011.
Lic. Felipe Calderón Hinojosa
Presidente de México.
Maestro Alonso Lujambio
Secretario de Educación Pública.
Queridos maestras y maestros.
Apreciados compañeros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.
Respetadas madres y padres de familia que honran este acto.
Estimados integrantes de los medios de comunicación.
Muy queridos niños que hoy inician el ciclo escolar 2011-2012.
Señoras y señores.
Cuando se tiene el privilegio de asistir a un acto como el que hoy nos convoca, se entiende claramente lo que significa el servicio público de la educación.
Porque la educación mexicana es esto: niñas y niños, jóvenes que en medio de la risa, en medio del bullicio y la emoción ante lo desconocido; portadores de la esperanza de sus padres, emprenden un camino en el que habrán de construir los cimientos de su futuro.
Su futuro como personas; su futuro como ciudadanos; su futuro como generación; el futuro de México.
Es entonces cuando cobra su verdadera dimensión la decisión de invertir, desde la responsabilidad del Estado, todos los recursos posibles para que la educación sea cada vez de mayor calidad; cada vez más útil para entender el mundo y enfrentar los retos a que nos somete; cada vez más universal y humana, binomio insustituible del ser y el trascender.
Los maestros de México, Sr. Presidente, reconocemos y valoramos la decisión de Estado que usted ha tomado de invertir en la educación para situarla en los niveles de calidad que se requieren; de buscar que los espacios educativos sean dignos y haya habilidades digitales para todos; de haber confiado en la Alianza por la Calidad de la Educación, como la base de sustentación de la nueva escuela mexicana que está naciendo a partir de la publicación del Acuerdo 592 de “Articulación de la Educación Básica” publicado en el Diario Oficial de la Federación el pasado viernes, y que habrá de irse cumpliendo siguiendo las rutas estratégicas que podamos construir y financiar hacia el futuro; que ya define el umbral de la segunda lengua, que entiende a la calidad, como el cumplimiento de estándares de carácter obligatorio pertinentemente enlazados en los 12 años que integran la educación básica, que hace de la formación continua y evaluación universal del maestro, los garantes de un servicio público en ascenso.
Y esa decisión cobra pleno sentido mirando los ojos de estos niños que, como los casi veintiocho millones que en todo el país inician hoy el ciclo escolar, esperan que esta nueva escuela mexicana les aporte lo que la era del conocimiento les exige.
A ustedes queridos alumnos, que seguramente se despertaron más temprano y caminaron hasta aquí con la ilusión de volver a ver a sus amigos o a conocer a otros nuevos; que están curiosos por saber quién será su maestra o maestro; que ansían sentarse en el pupitre donde pasarán mucho tiempo de su joven vida, solo puedo decirles que tengan confianza.
Confianza en sus maestros, que no escatimarán esfuerzo alguno para cumplir su cometido; confianza en esta su querida escuela, que como las de todo el país trabaja para estar a tiempo con este exigente tiempo.
Les ha tocado nacer en una era donde las seguridades ya no existen; donde la competencia es la agresiva vía hacia el bienestar; donde los valores son cada vez más efímeros y hay que poder fortalecerlos.
Pero también, tienen el enorme privilegio de haber nacido en un nuevo milenio en el que se alcanzarán conocimientos nunca imaginados; donde la ciencia y la tecnología abrirán cada día nuevas e inexploradas fronteras y la creación humana alcanzará su máxima expresión.
Este es su mundo; este es su tiempo: vayan por él.
Vayan por él, arropados por su escuela; junto con sus maestros; protegidos y estimulados por sus amados padres.
Sin miedo, decididos y decididos, vayan por su futuro que nosotros estamos para apoyarlos.
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