Muy
buenos días a todas y a todos. Agradezco en nombre del Sindicato
Nacional de Trabajadores de la Educación, la presencia de nuestras y
nuestros invitados, a los señores representantes de las asociaciones de
padres de familia en el país, a los señores y señoras legisladores,
senadores, diputados, académicos, investigadores, representantes de las
organizaciones sociales, a los dirigentes de la organización sindical en
cada una de las secciones sindicales del país, a los integrantes del
Comité Ejecutivo Nacional, a los representantes de los partidos
políticos y fundamentalmente a todos nuestros maestros y maestras y
representantes de la sociedad que en este momento en tiempo real se
encuentran en todas las ciudades capitales del país siguiendo este
evento que para nosotros es una oportunidad extraordinaria.
Hoy vamos a reflexionar sobre un tema crucial para el desarrollo nacional y para la formación del capital humano en México.
Dialogaremos
sobre la enseñanza de las ciencias de nuestro sistema educativo, como
uno de los factores más determinantes para el futuro del país y
tendremos la enorme oportunidad de hacerlo con uno de los científicos
más reconocidos a nivel mundial, una personalidad que es orgullo de los
mexicanos, el Premio Nobel de Química en 1995, el doctor, el profesor
Mario Molina.
Muy buenos días, doctor.
Sea usted bienvenido a la casa
de los trabajadores de la educación, nos sentimos muy honrados con su
presencia, orgullosos de tenerlo aquí con nosotros, para compartir su
conocimiento, su experiencia, su compromiso con la enseñanza científica,
la investigación y el cuidado del medio ambiente.
Le
agradecemos mucho su participación en este conjunto de conferencias
magistrales que nuestro sindicato está realizando como parte del Quinto
Congreso Nacional de Educación y del Tercer Encuentro Nacional de Padres
de Familia y Maestros.
Este
congreso y el encuentro entre padres de familia, son los espacios que
hemos creado para impulsar la construcción de convergencias, entre
maestros y sociedad, entre académicos, investigadores, organismos
empresariales, organizaciones sociales y el Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Educación.
Tenemos
la certeza de que sólo con la más amplia participación y
corresponsabilidad entre los actores sociales, económicos y políticos,
podemos afrontar el reto de transformar el sistema educativo nacional.
Nuestro
objetivo es transformarlo para renovarlo, para dotarlo de mayor
equidad, para que esté abierto a todos los niños y jóvenes, para que
ninguno deje de estudiar por falta de oportunidades, por condiciones
adversas o por falta de recursos económicos.
Nos
anima en este esfuerzo no sólo un entrañable compromiso gremial con
nuestros niños y jóvenes, sino la certeza de que la educación es el bien
público que genera mayores impactos sociales y de desarrollo humano por
ser el mejor distribuido y entregado en el espacio nacional y porque en
ella los mexicanos ubicamos las mayores expectativas de libertad, de
justicia, de democracia, de equidad y de movilidad social y además de un
futuro mejor para la vida comunitaria y laboral.
En el
gran cambio que estamos proponiendo, la enseñanza de las ciencias es
determinante, una educación de calidad no puede aislarse del
conocimiento científico, desde los primeros grados es necesario
despertar en niños y niñas la curiosidad por la ciencia, por la
maravilla de los procesos científicos que los procesos científicos nos
han descubierto y lo siguen haciendo, por el conocimiento que nos depara
y por su trascendencia en la vida social.
En
México, lo sabemos bien, a pesar de nuestro enorme potencial, tenemos un
gran atraso científico y tecnológico. En la actualidad los recursos
destinados a investigación en estos temas, no llega ni siquiera al punto
cinco por ciento del Producto Interno Bruto.
Necesitamos
más profesionistas con grados de maestría y doctorado, más jóvenes que
se interesen por la ciencia y su desarrollo y también por hacerla más
cercana y accesible al ciudadano común.
No
podemos vivir ajenos a las realidades científicas y su trascendencia, si
nos encontramos en la era del conocimiento y de las tecnologías.
En la época de una creciente sensibilidad y preocupación por la preservación del medio ambiente.
México
necesita, efectivamente, de investigadores y científicos para competir
con el mundo y para cimentar sobre bases sólidas su propio desarrollo.
La
gran brecha que separa a las naciones desarrolladas de las economías
emergentes y en mayor medida de las sociedades más pobres, es la brecha
científica y tecnológica, la desigualdad educativa, los rezagos de la
incorporación a la era del conocimiento y desde luego, la enorme
diferencia en la formación de capital humano y social.
Las
posibilidades de acceder al desarrollo y la oportunidad para generar
bienestar y riqueza, dependen en nuestra era básicamente de la capacidad
que tengamos para apropiarnos y para generar conocimiento.
La educación, la ciencia, la investigación y la tecnología son ahora las condiciones para el desarrollo y la investigación.
Si no
logramos entenderlo cabalmente y si no hacemos un esfuerzo verdadero
para lograr que desde la educación básica los niños y los jóvenes se
interesen en el estudio de las ciencias y en la investigación,
difícilmente nuestro sistema educativo cumplirá la misión de construir
un futuro más justo y con mayor oportunidad para los mexicanos.
Como
lo ha dicho el doctor Molina: “Nuestro país necesita una educación de
calidad que inspire a los mexicanos a acercarse a la ciencia desde la
más temprana edad, una educación que despierte en los niños y jóvenes el
interés de investigar”. Cierro la cita.
Precisamente
por ello, el 5º Congreso Nacional de Educación quiso invitar al doctor
Mario Molina a que nos dirigiera unas palabras que, sin duda, serán un
gran estímulo para nuestra tarea y nuestro compromiso.
Él es,
precisamente, un científico que ha utilizado la ciencia para ponerla al
servicio de la sociedad, de la comunidad humana de nuestro planeta y al
servicio también de la preservación de nuestro maravilloso y riquísimo
medio ambiente.
Cuando un personaje
de su talla, doctor Molina, nos acompaña para ilustrarnos, orientarnos y
también hay que decirlo, para contribuir a nuestra educación como
educadores, sabemos que estamos en el camino correcto, para mejorar la
educación del país, para hacerla más democrática en la práctica y en su
diseño.
No me queda más que cederle la palabra a nuestro Premio Nobel 1995 y un mexicano que nos enorgullece a todos nosotros.
Bienvenido Doctor.
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